Las consecuencias jurídicas de beber alcohol y conducir.

Que duda cabe, que la conducción es un acto que dependiendo de nuestra responsabilidad puede afectar a nuestra vida, a la de los seres queridos que nos rodean, y a personas que no conocemos.

La conducción requiere mucha concentración, requiere la puesta de todos nuestros sentidos en la carretera y es por lo que hay muchas actividades que jamás se deberían realizar mientras conducimos un vehículo (responder a una llamada de teléfono, contestar al whatsapp, encendernos un cigarrillo, o manipular el GPS).

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No obstante, hoy cabe centrarse en una de las mayores causas de mortalidad de España: la conducción bajo los efectos del alcohol.

En épocas estivales la Dirección General de Tráfico principalmente, saca a la luz grandes campañas de impacto social sobre las posibles consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol. Campañas, que muestran una terrible lacra social que intenta concienciar a la gente que si se va a conducir no se puede beber ni una gota de alcohol.

Pero, ¿qué reproche tiene el hacer todo lo contrario? Evidentemente el reproche social y moral existe simplemente el haber ingerido bebidas alcohólicas que ya arrojen una tasa de alcoholemia en sangre de 0,01 mg/l aunque no sea reprochado administrativa ni mucho menos penalmente.

Sanción administrativa

Para que haya un reproche administrativamente deben darse una serie de requisitos para la imposición de una sanción.

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Hay una responsabilidad y por tanto una sanción administrativa cuando cualquier conductor de vehículos a motor o bicicletas presenta una tasa de alcohol en sangre al realizar la prueba de alcoholemia sea superior a 0,5 gramos por litro, o una tasa de alcohol en aire espirado superior a 0,25 miligramos por litro.

 En el caso de los conductores noveles y los conductores profesionales (de mercancías, de transporte público, transporte escolar…), la tasa máxima de alcohol en sangre permitida es de 0,3 gramos por litro y la de alcohol en aire espirado es de 0,15 miligramos por litro.

Las principales sanciones por exceder la tasa de alcohol legalmente permitida pueden ser:

  • Conductores noveles y profesionales: a partir de 0,15 mg/l en aire espirado acarrea una sanción de 500 euros de multa y la retirada de 4 puntos de carné de conducir.
  • Conductores que dan por primera vez positivo en alcoholemia: a partir de 0,25 mg/l en aire espirado acarrea una sanción de 500 euros de multa y la retirada de 4 puntos de carné de conducir.
  • Conductores reincidentes: a partir de 0,25 mg/l en aire espirado acarrea una sanción de 1.000 euros de multa y la retirada de 6 puntos de carné de conducir.
  • Todos los conductores: a partir de 0,60 mg/l en aire espirado acarrea un ilícito penal cuyas consecuencias vienen reguladas en el artículo 379.1 del Código Penal el cual castiga con la pena de prisión de tres a seis meses o con la multa de seis a doce meses o con la de trabajos en beneficio a la comunidad de treinta y uno a noventa días, y, en cualquier caso, con la de privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores por tiempo superior a uno y hasta cuatro años.

Delito penal

El delito por conducir bajo la influencia de bebidas alcohólicas alcohol, está previsto y penado en el art. 379.2 Código Penal, según el cual será castigado “el que condujere un vehículo de motor o ciclomotor bajo la influencia de drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas o de bebidas alcohólicas. En todo caso será condenado con dichas penas el que condujere con una tasa de alcohol en aire espirado superior a 0,60 miligramos por litro o con una tasa de alcohol en sangre superior a 1,2 gramos por litro.”

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 Este delito es un delito de los llamados de peligro abstracto o de simple actividad, de modo que su consumación tiene lugar sin necesidad de que se haya producido un determinado resultado o una situación de concreto peligro para el bien jurídico protegido, que es, directamente, la seguridad en el tráfico vial, e indirectamente, la vida y la integridad física de las personas, de modo que bastará para apreciar la existencia del delito que resulte acreditado que una persona conduce un vehículo a motor o un ciclomotor, que ha consumido previamente bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, y que la acción de las mismas influyó efectivamente en la conducción de quien las consumió, y en todo caso, que ha superado los límites establecidos en el citado precepto.

Por lo tanto, podemos considerar que los elementos constitutivos de este delito son:

  1. Que el autor conduzca un vehículo a motor o un ciclomotor.
  2. Que el sujeto haya tomado bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, puesto que el consumo de tales sustancias como ha quedado demostrado afecta a las facultades de todo conductor para conducir sin riesgo, tanto porque aminora sus facultades de atención y altera su capacidad de reacción.
  3. Que se acredite que la ingesta de alcohol o drogas ha influido efectivamente en la conducción, afectando a las facultades psíquicas y físicas del conductor en relación con sus niveles de percepción y reacción, constituyendo la influencia o afectación por estas sustancias un elemento normativo de este delito.

 Aunque, al tenor literal del precepto penal, pudiese establecerse una presunción en el sentido de considerar que la conducción bajo los efectos del alcohol por encima de 0,60 miligramos por litro en aire espirado o  1,2 gramos por litro en sangre ya se puede proceder a interponer la condena, el Tribunal Constitucional en numerosas sentencias ha declarado que este delito no consiste simplemente en la presencia de un determinado grado de impregnación alcohólica. Es preciso además, acreditar que dicho grado de impregnación alcohólica influya o se proyecte en la conducción, considerándose la influencia de bebidas alcohólicas en un elemento normativo del tipo penal que, consecuentemente, requiere una valoración del juez en el que éste deberá comprobar si, en el caso concreto, el conductor se encontraba afectado o no por el alcohol.

Sentencia del Tribunal Constitucional Sala 2ª, S 17-12-2007, nº 256/2007, rec. 3328/200.

 “Conforme a reiterada jurisprudencia de este Tribunal, tal y como señala el recurrente, el delito tipificado en el art. 379 CP requiere no sólo la presencia de una determinada concentración alcohólica en el conductor, sino además que esta circunstancia influya o se proyecte sobre la conducción. De modo que para subsumir el hecho enjuiciado en el tipo penal no basta comprobar que el conductor ha ingerido alcohol o alguna otra de las sustancias mencionadas en el precepto, sino que, aun cuando resulte acreditada esta circunstancia, es también necesario comprobar su influencia en el conductor (SSTC 68/2004, de 19 de abril; 137/2005, de 23 de mayo; 319/2006, de 15 de noviembre; 43/2007, de 26 de febrero; 196/2007, de 11 de septiembre)”.

 Sentencia del Tribunal Constitucional Sala 2ª, S 15-11-2006, nº 319/2006 de 14 de diciembre.

El derecho a la presunción de inocencia experimentaría una vulneración si por la acreditación únicamente de uno de los elementos del citado delito -el de que el conductor haya ingerido bebidas alcohólicas- se presumieran realizados los restantes elementos del mismo, pues el delito no se reduce, entre otras posibilidades típicas, al mero dato de que el conductor haya ingerido alcohol, dado que este supuesto delictivo no consiste en la presencia de un determinado grado de impregnación alcohólica, sino en la conducción de un vehículo de motor bajo la influencia de bebidas alcohólicas. La influencia de bebidas alcohólicas constituye un elemento normativo del tipo penal que consecuentemente requiere una valoración del Juez, en la que éste deberá comprobar si en el caso concreto de la conducción estaba afectada por la ingestión del alcohol”.

A su vez, incluso la Fiscalía General del Estado se pronuncia sobre este tema en la Instrucción 3/2006 sobre criterios de actuación del Ministerio Fiscal para una efectiva persecución de los ilícitos penales relacionados con la circulación de vehículos a motor, estableciendo como pauta exegéticas, las siguientes:

“Cuando el grado de impregnación alcohólica  sea superior a 1,2 gr de alcohol por 1000 cc de sangre o su equivalente de 0,60 mg de alcohol en litro de aire espirado,  podrá estimarse que esa elevada hemoconcentración etílica evidencia por si una merma de las facultades psicofísicas exigibles para la conducción segura de un vehículo a motor (…). No obstante, si excepcionalmente dicha tasa de alcohol no fuera acompañada, pese a su carácter elevado, de sintomatología que revelase signos externos de afectación etílica en el conductor, ni constase acreditada maniobra irregular alguna en la conducción de la que deducir la misma, corresponderá a la acusación, y en consecuencia al MF, proponer prueba acerca de la influencia necesaria de esa tasa de alcohol en las facultades psicofísicas para la conducción del vehículo a motor del imputado (STC 2ª nº 68/2004, de 9 de abril), a cuyo efecto puede ser de interés la pericial de médicos forenses o especialistas en ciencias toxicológicas”.

Es por lo que y como ha quedado de manifiesto en el presente artículo, no basta con comprobar el grado de impregnación alcohólica en el conductor, sino que, aunque resulte acreditada esa circunstancia mediante pruebas biológicas practicadas con todas las garantías procesales, es necesario también comprobar su influencia en la conducción, comprobación que habrá de realizarse ponderando todos los medios de prueba practicados con todas las garantías.

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Autor: Eduardo Muñoz Simó 

SIMÓ & MARTÍNEZ ABOGADOS

www.simoymartinez.com

Simó & Martínez Abogados, en Águilas / Murcia / España